Asomada a mi balcón, el del tercer piso, donde suelo fumarme el cigarrito de media mañana –ese que mi abuela llamaba, con toda su sinvergonzonería de fumadora seria “el que despeja la mente”– me atormento observando el paisaje. Ambos, tanto el vicio de fumar como el de salir al balcón y mirar hacia abajo son suicidas, ya lo sé, pero qué hacer cuando al viejo hábito se le unió éste de escudriñar los movimientos de la calle. Cada mañana –y en este orden– aspiro, me asomo y me sorprendo siempre con el mismo panorama. Son pocas las variantes que ofrece, pero tan expresivas que siempre me transforman la rutina en espectáculo. Nunca faltan las pilas de basura en las aceras, esas a las que, en un serio ejercicio que intenta equiparar esta vista a un paisaje rural, llamo médanos. Compuestas por los mismos materiales, sólo cambian su extensión, su altura o el espacio que ocupaban en relación a ayer. No las mueve el viento, son alimentadas por unos brazos furtivos que salen de los edificios; des...
I ¡EMPIEZA, MEQUETREFE, EMPIEZA! A la memoria y obra de Charles Bukowski He vuelto a caer. Me he sumergido lentamente en la miserable y lejana fachada de tu recuerdo. Caigo dolorosamente en este precipicio que lleva tu nombre. Resbalo de la barandilla como un gato sin sus nueves vidas. Estoy en el último piso de un rascacielos con la mirada perdida hacia el suelo. Estoy petrificado, asustado, muerto. ¿Qué he hecho? Me pregunto. Sentado, oyendo los demonios en mi cabeza mezclándose con el golpeteo milagroso de las teclas del computador. Esto es mi bocanada de aliento, mi otro respiro, mi otra vida. Este soy yo, siendo sólo palabras resueltas y libres, siendo la catarsis de mis silencios, siendo mis manos ansiosas de crear arte. He vuelto a caer, y en el charco del suelo veo mi cara reflejada acechándome. ¿Qué intentara decirme? O ¿Qué intentara callar? Estoy descendiendo cada vez más rápido. Veo nombres, rostros, números ardiendo atrozmente que voy dejando a...
Me parece que es ahora el momento justo de decirte que te odio. Ya junte todos mis “Te Quiero” inéditos y los sume con todas tus ausencias y el resultado fue esto: este odio absoluto.
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